martes, febrero 12, 2008

Lo que los hombre no saben

El día 14 de febrero sale a la venta el nuevo libro de Lucía Etxebarría. Se titula "Lo que los hombres no saben". Es una antología de cuentos eróticos escritos por mujeres.

Os recomiendo encarecidamente la lectura de este libro. Os pongo un extracto con el permiso de la autora.

"Y en una milésima de segundo trató de comprender qué había visto en ella aquel individuo, porque estaba segura de que, igual que ella le había radiografiado para dibujarle la caricatura con resentimiento de asalariada, él la había revisado y había visto que Alicia se mordía las uñas, que no iba nunca a la peluquería y que no se había depilado las ingles, porque aún no era tiempo de ir a la playa y ella no frecuentaba los spas ni las mesas de masaje. Desde su mirada de hombre que olía a colonia y llevaba un llavero colgante con el logotipo de alguna aseguradora automovilística, el conductor le habría puesto la etiqueta de dejada, incluso de espesa. Tal vez, el conductor había llegado a intuir que Alicia fumaba marihuana, al sorprenderla un par de veces pasando el dedo por el parabrisas, tratando de desprender el color del cadáver de un insecto por el lado equivocado del vidrio. Quizá es que nunca se había acostado con una mujer con las ingles sin depilar y que no oliese a algún perfume; con una mujer que no usara lencería cara, que no llevase sostén y que, bajo la ropa, sólo se pusiera unas braguitas de algodón blancas o de ese extraño color carne, visón decían las dependientas de las corseterías, que tanto repelús le producía a Mauro, porque le recordaba a la ropa interior que su madre colgaba en el tendedero de la azotea. Alicia se vio a sí misma como una rareza y recapacitó y se desasosegó al comprobar que aquel hortera, aquel pretencioso, aquel jefecillo, podía incluso humillarla, porque ella se notaba las carnes flojas y, por dentro, como desmadejada. Mientras tanto, el conductor, apoyando la espalda contra el cristal de su ventanilla, le dio tiempo: —Puedes pensarlo. Entiendo que lo pienses.



Alicia pensó que tal vez aquel bebedor de vinos con leves esencias a plátano y vainilla había sido capaz de imaginársela por debajo de la ropa, de adivinarle el color de los pezones, el vientre, las tibias y los peronés; que le había seducido el lunar que le adornaba la parte izquierda del cuello y la pelusilla rubia de su mandíbula o quizá se había dado cuenta de que se le habían puesto de punta los pelillos de los brazos y de que sus ojos eran verdes y grises como las hojas de los chopos y que, cuando les daba la luz, se ponían amarillos y parecían avispas rodeando el agua de una piscina. Sin duda, el conductor se había percatado de su parecido con las imperfectas, turbias y reconcentradas actrices francesas. Tal vez, el conductor la hubiese visto como ella se veía en sus mejores momentos, tumbada en la cama, con la curva de su cadera como una media luna, en el escorzo de ponerse de lado; translúcida al salir de la ducha; con el torso compuesto de triángulos isósceles, cuando levantaba los brazos para desperezarse; sacando los morritos delante del espejo."

MARTA SANZ, Mariposas amarillas


Saludetes.

2 comentarios:

Luis Amézaga dijo...

Habrá que ir pensando en escribir lo que las mujeres no saben, que algo habrá.

Anónimo dijo...

Hola,

Sólo para decirte que no queda muy bien hacer publicidad en otras bitácoras sin que venga mucho a cuento en las entradas.

Un saludo.

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